Con la cara pintada.

Hubo una vez, un Presidente democrático que designó como líder de su Consejo de Ministros al entonces líder de la oposición, don Pedro Beltrán. Qué lejos han quedado esos reflejos y esas formas.
El nuevo Premier irá con la cara pintada a un Congreso despartidarizado, incapaz de articular una respuesta orgánica al reto presidencial: la mitad no sabe en qué lista podrá tentar la reelección, y la otra mitad tiene serias dudas si su postulación tendrá la luz verde de sus dirigentes. Las elecciones parlamentarias anticipadas en agosto serían una apuesta inaceptable para el congresista promedio.
Siendo esta la situación, la oposición tendrá que otorgar el voto de confianza al nuevo Consejo de Ministros con el discurso del interés nacional, y luego, podrá recién pasar la factura de la afrenta recibida: en julio elegirá una mesa directiva de oposición en el Congreso, y en un segundo momento, ya en agosto y sin el fantasma de la disolución, planteará la censura al gabinete.
Lo saben en Palacio y su intención será la de humillar a los principales líderes opositores, fortaleciendo la imagen de su candidata presidencial en función de invocar el antiaprismo y al antifujimorismo. La gran incógnita es cuánto tiempo puede predominar la razón y cuánto demorarán las oscuras emociones en modificar el escenario, como siempre, para mal. 


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