La Derecha en el pitazo inicial


La política es el arte de intermediar intereses y tendencias. Los movimientos de derecha suelen representar electores que buscan orden y seguridad. Si esa necesidad se extiende en la sociedad el movimiento crece, pero solo hasta donde lo permita su techo electoral, el que a su vez, está marcado por el nivel de rechazo visceral que produzca en quienes, en principio, no piensan votarles.
Por esa simple regla Keiko acierta al tratar de desarmar al antifujimorismo retirando de las marquesinas a los históricos del movimiento, pues interpreta correctamente que debe evitar su derrota en segunda vuelta. En ese empeño cuenta con el apoyo de los propios afectados, lo que habla del nivel de compromiso político y verdadera formación que exhibe la escuadra naranja. A ello agrega el brusco reposicionamiento programático iniciado en Harvard y mantenido a pesar de las interesadas críticas.
Lo único que arriesga es el segundo puesto, pues de mantener la identidad de derecha popular conservadora, heredada del padre, no tenía mayor chance de alcanzar la victoria. Ese aggiornamento ya fue efectivo en Chile después de Pinochet, y ahora en Francia post Jean Marie Le Pen. La derecha dura debe tentar crecer hacia el centro.
Aunque el centro político es el preferido por los electores y por lo tanto, el más generoso en espacio, la candidatura personalísima de PPK se verá en dificultades para crecer, al estar ahora muy disputado el voto moderado. El fujimorismo, PPK y la Alianza Popular intentarán atraer al mismo elector. Allí se podrá apreciar una de las batallas más duras, pues la supervivencia del PPC se decidirá en el mismo espacio de centro derecha urbana, cuyas tendencias y necesidades son ya conocidas, pero pocas veces bien interpretadas.
Sin importar demasiado lo que suceda en el 2016, el reto del PPC es fortalecer su presencia en el mismo espacio en el que nació y al mismo tiempo,  incursionar también en el centro político, diversificando sus propuestas, generando un ala partidaria que intente un movimiento de pinza. Lo podría lograr si incorpora en su debate interno algunas diferencias programáticas, total, ya ha demostrado que ante la urgencia electoral es capaz de cerrar filas en torno a un proyecto común. En todo caso, debe ser consciente que su elector típico está en proceso de extinción. Lo suyo es instalarse en la derecha popular, en las clases medias de provincia, y por supuesto, constituirse en heredero de un PPK que como el Cid, dará este año su última batalla.

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